La tercera P del marketing es la "plaza" o "punto de venta": el lugar y la forma en que tu producto llega al cliente. Local físico, redes sociales, ferias, delivery, mayoristas, mercados online. Cada canal tiene su lógica.
"Plaza" suena raro en castellano (en marketing viene de la P inglesa Place, que significa "lugar"). Lo importante: la plaza responde a la pregunta ¿dónde y cómo vas a hacer que tu cliente acceda a tu producto? No alcanza con tener un buen producto a buen precio: si no está al alcance del cliente, no se vende. Y al revés: a veces, un producto modesto vende mucho porque está en el lugar correcto.
Los canales se pueden agrupar en tres grandes familias. Casi todos los emprendimientos usan una combinación de varios. No es elegir uno: es armar una mezcla que tenga sentido para tu producto y tu cliente.
Un espacio físico donde recibís clientes o producís. Tiene costo de alquiler o requiere lugar en tu casa.
Tu producto se vende en kioscos, almacenes, dietéticas, gimnasios. Vos producís, ellos venden y se llevan un porcentaje.
Ferias artesanales, ferias del barrio, eventos puntuales (Día de la Madre, Navidad). Pagás un puesto por jornada o evento.
Mostrás los productos en redes sociales y los pedidos llegan por mensaje. Gratis para empezar.
Catálogo de productos visible para tus contactos. Los pedidos los gestionás como cualquier chat.
Plataformas donde subís productos y otros los compran. Cobran comisión por venta.
Vos o un repartidor llevan el producto al cliente. Hoy es casi obligatorio en muchos rubros.
Para servicios: peluquería, plomería, masajes, clases. Vos vas hasta donde está el cliente.
Si tu emprendimiento incluye productos alimenticios (repostería, viandas, conservas, ferias, comida elaborada), la ley exige tener el carnet oficial de Manipulación segura de alimentos. Sin él, ningún canal formal (ferias municipales, comercios, plataformas de delivery) te va a dejar vender. ANMAT ofrece el curso gratuito y virtual.
Inscribirme al curso de ANMAT ↗Casi ningún emprendimiento usa un solo canal. La realidad es que cada uno cumple una función distinta: algunos atraen clientes nuevos, otros fidelizan a los que ya tenés, otros generan ventas rápidas. Lo importante es tener una mezcla coherente.
Y atención: si trabajás solo, tener demasiados canales te puede saturar. Mejor pocos canales bien atendidos que muchos canales mal atendidos.
Usa Instagram para mostrar productos y atraer clientes nuevos · WhatsApp para tomar pedidos y coordinar entregas · Su casa como taller donde retiran los pedidos · Delivery propio con su pareja en moto para zonas alejadas. Cuatro canales, cada uno con una función clara.
No hay una respuesta única, pero estas preguntas te ayudan a elegir bien:
La tentación de un emprendedor que arranca es estar "en todos lados a la vez": abrir Instagram, abrir Facebook, hacer la feria del finde, intentar entrar a un comercio, ofrecer delivery. Resultado: nada funciona bien porque no se le da tiempo a cada cosa para madurar.
Mejor estrategia incremental: empezá con UN canal principal que conozcas o donde esté tu cliente más claro. Hacelo funcionar. Una vez que ese canal te trae ventas estables, sumá un segundo. Y así. La gradualidad no es lentitud, es aprendizaje real.
Vamos a definir los canales por donde vendés (o querés vender). Tip: si estás arrancando, mejor elegir 2 o 3 canales y atenderlos bien, antes que intentar estar en todos.
Elegí los canales activos o que querés activar. Podés marcar varios.
El canal por donde te llegan más clientes o más ventas (o por donde querés que te lleguen).
Una vez que el cliente compra, ¿cómo recibe el producto o servicio?
Ya viste tres P: producto, precio y plaza. Las tres están vinculadas. Un producto artesanal de alto valor encaja mejor en una feria de diseño o en Instagram que en un kiosco. Un servicio de plomería rápida encaja mejor con WhatsApp Business que con un local físico. La pregunta no es "¿qué canal está de moda?", sino "¿qué canal le cierra a mi producto y a mi cliente?". En el próximo módulo vemos la cuarta y última P: la promoción, o sea, cómo le contás al mundo que existís.